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Ludwig Berger convierte el deshielo del glaciar Morteratsch en una metáfora de la fragilidad humana.

Ludwig Berger convierte el deshielo del glaciar Morteratsch en una metáfora de la fragilidad humana.

Valencia, 14 mayo 2026

El Festival 10 Sentidos ensaya nuevas formas de habitar un planeta exhausto

Del sonido de un glaciar al zapateo colectivo palestino, el festival de Valencia vuelve del 14 al 26 de mayo, con una programación donde la ecología, la memoria y el cuerpo se convierten en formas de resistencia.

 

¿Qué harías tú ante el fin del mundo? En Sirât, la controvertida película de Oliver Laxe, optan por encogerse de hombros y subir la música hasta que todo salte por los aires. En Carol & the End of the World, la serie animada de Dan Guterman, la protagonista se abraza a la rutina y, mientras el mundo se entrega al hedonismo, decide que la extinción la pille entretenida en la oficina. Alguien tendrá que brindar ciertos servicios mínimos en el apocalipsis.

En los últimos años, buena parte de la producción cultural se ha dejado arrastrar por el desencanto climático, atosigándonos con relatos fatalistas y fantasías prepper donde la única salida posible parece ser la resignación. Quizá por eso, la propuesta del Festival 10 Sentidos resulta más alentadora que nunca: “reinventar la resistencia desde la belleza y la praxis”.

El Festival 10 Sentidos, una de las citas de artes vivas más estimulantes y arriesgadas de Valencia, celebra su edición número quince bajo el lema Naturaleza Viva Vol.2. Y, en lugar de recrearse en el fin del mundo, ha optado por preguntarse cómo seguir habitándolo.

“Creemos en unas artes vivas que no solo denuncien el colapso, sino que celebren la fecundación de lo nuevo, demostrando que la creatividad es el recurso más renovable y potente del que disponemos”, apuntan desde la organización.

Dirigido por las bailarinas y coreógrafas Meritxell Barberá e Inma García, también al frente de Taiat Dansa, el Festival 10 Sentidos llega a la adolescencia consolidado como un espacio de reflexión donde las propuestas más disruptivas de la escena dialogan con las problemáticas del presente. Defensoras del arte como herramienta crítica, en estos tres lustros han abordado cuestiones como la diversidad, la salud mental, las fronteras o la sostenibilidad mucho antes de que llegaran a la agenda pública.

La programación de este año sigue la línea naturalista del anterior, desplegando por toda la ciudad una propuesta multidisciplinar de danza, performances e instalaciones que invitan al espectador a detenerse y observar el entorno con otros ojos. Porque aquí la naturaleza no funciona como decorado, es un cuerpo vivo con el que convivir y reconciliarse.

Badke Remix revisita la danza tradicional palestina en el Festival 10 Sentidos de València
El colectivo LaGeste & Stereo48 convierte el dabke palestino en una celebración colectiva frente al borrado cultural

Hablar con y por la naturaleza

Antes de imaginar nuevos futuros, el festival nos invita a escuchar el mundo que habitamos. El sonido es uno de los ejes de esta edición, con propuestas como la travesía sonora que Helle Siljeholm dirigirá en la Albufera de Valencia (15 de mayo). Inspirada en el canto de las aves del humedal, la artista noruega encabeza una expedición pausada donde los sonidos se mezclan con el paisaje al atardecer. Porque la Naturaleza también puede hablar, o si no que se lo digan a Ludwig Berger, que ha pasado los últimos años grabando los rugidos del glaciar Morteratsch. De esa relación nace Crying Glacier ( Las Naves, 16 de mayo) una instalación sonora, donde el paisaje agoniza y se resquebraja, convirtiendo el deshielo en un testimonio inmersivo sobre la fragilidad humana.

En el otro extremo, el coreógrafo senegalés Ibrahima Niassy, de la compañía de danza Cie Fii Ak Fee, se pregunta si un cuerpo puede alzar la voz por los derechos de los ríos o los bosques. A través de la danza, Droits de la Nature (Museu de Belles Arts, 17 de mayo), plantea una de las grandes cuestiones de la ecología: cuándo dejaremos de pensar en la naturaleza como un recurso para empezar a considerarla un sujeto de derecho. Las consecuencias físicas de la crisis climática atraviesan también la coreografía de la surcoreana Sung Im Her, Doomsday (Bombas Gens, 19 de mayo), que traduce el aumento de la temperatura global en una pieza convulsa y asfixiante; o la revisión del clásico de Eurípedes, Medea, que realiza Arancha Cortés (Centre del Carme, 22), con el que reflexionará si es un acto de amor o de crueldad traer vida a un mundo en llamas.

Gabriela Acha presenta sus mochilas-vitrina en el Jardín Botánico durante el Festival 10 Sentidos
Inspirada en fósiles y minerales, la artista argentina Gabriela Acha recupera memorias olvidadas de mujeres científicas.

Quien pasee por el jardín botánico el 17 de mayo, es posible que se encuentre a Gabriela Acha cargada con sus mochilas-vitrinas. “Es una forma de diseminar memorias y saberes que pertenecen a las mujeres en las ciencias y en las artes”, explica la argentina, que se inspiró en las colecciones de fósiles y minerales que atesoraba de niña para cubrir los huecos de la historia natural. De la memoria hablarán también Gastón Core (Espacio Inestable, 23 y 24 de mayo) que plantea un réquiem por la identidad de las ciudades frente a la gentrificación, y Adrián Salvador con la exposición Objetos Epífitas (Bombas Gens, 20 de mayo), una reivindicación de lo artesanal sobre la lógica comercial.

Puede que el Festival 10 Sentidos plantee más preguntas que respuestas, pero al menos abre ciertas grietas para el optimismo. Lo vemos en LaGeste & Stereo48, que clausurará el festival con Badke (Remix), una revisión contemporánea de la danza tradicional palestina donde el baile funciona al mismo tiempo como archivo y como celebración. Sobre el escenario, el zapateo colectivo del dabke se convierte en una forma de memoria compartida frente al borrado cultural. Una reivindicación de la alegría como acto político.