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Interior del Teatro Circo Murcia durante una función de Travy

Interior del Teatro Circo Murcia durante una función de Travy

Región de Murcia, 30 abril 2026

Escaparse a Murcia en mayo: cuando la cultura cambia de ritmo

La temporada de festivales arranca en Murcia, con citas como el Warm Up o el Festival Internacional Murcia Tres Culturas. Una excusa más para conocer los nuevos centros de arte o perderse en teatros cargados de leyendas

Quien diga que Murcia es tranquila, probablemente se ha equivocado de mes. En mayo, con las plazas al sol y el azahar todavía en el ambiente, la ciudad cambia de ritmo. El puente trae a los primeros melómanos y ninguno viene buscando calma. Aquí arranca la temporada de festivales.

El WARM UP Festival ya es una tradición. Heredero de aquel SOS 4.8 que colocó a Murcia en el mapa indie, mantiene su apuesta por un cartel que mezcla géneros, nombres consolidados y artistas locales. La Fica concentra los grandes conciertos pero la programación se extiende por la ciudad, con actuaciones gratuitas, presentaciones de libros o ciclos de cine.

No hay tiempo para aburrirse. El festival Murcia tres Culturas, en homenaje a las tres religiones que convivieron en la ciudad, otorgándole esa arquitectura singular, le toma el relevo. No es un evento de un solo escenario: es una mezcla de propuestas artísticas -desde música de raíz a gastronomía árabe, pasando por exposiciones o videomapping-, que te obligan a mover por la ciudad y encontrarte con aquello que no estabas esperando. Justo como hay que descubrirla.

 

Público disfrutando de un concierto en el festival Warm UP. Foto: Fer Morales.

Memoria y creación

En corazón de la ciudad, hay un nuevo centro de arte: la Cárcel Vieja ha sobrevivido al abandono y a varias amenazas de derribo para reconvertirse en un espacio de memoria y cultura contemporánea. Cruzar esa fachada neomudéjar impone: no estamos ante una simple prisión provincial, sino uno de los centros más brutales de represión franquista. Con su rehabilitación (no exenta de críticas) la ciudad intenta enfrentarse a su pasado y encontrar nuevos usos a su patrimonio. “Los espacios están concebidos como territorios relacionales donde conviven la contemplación, la conversación y la experimentación cultural”, señalan desde la institución.

Uno de los grandes atractivos de su programación es la experimentación sonora (y tampoco sorprende en una ciudad considerada la “huerta del indie español”). La plataforma Monotón organiza conciertos de música experimental y sesiones de escucha crítica que se extienden por los rincones más inesperados del edificio. El ascensor, concebido como un dispositivo de descubrimiento, renueva cada mes el hilo musical, apostando por grabaciones de campo o reinterpretaciones poco conocidas; mientras que los ciclos del patio central nos sumerge durante semanas en la discografía de algún compositor.

¿El objetivo? Alejarnos del consumo inmediato y recuperar el placer de escuchar. Una vocación que refuerza con la reciente apertura del Módulo II, el nuevo espacio expositivo del centro que ha inaugurado Jaume Plensa, donde solo se programarán dos exposiciones al año para poder habitarlas en profundidad.

Interior de la Cárcel Vieja de Murcia como espacio de arte contemporáneo
Instalación en La Cárcel Vieja de Murica.

Al otro lado del río, en el barrio del Carmen, el Centro Párraga sigue marcando la agenda experimental de Murcia. Resulta difícil imaginar piezas como La casa de la fuerza, de Angélica Liddell, con sus cinco horas de intensidad escénica, sin la existencia de espacios como este. Instalado en una antigua nave del Cuartel de Artillería, los artistas encuentran aquí algo cada vez más raro: el tiempo y la libertad para crear. Funciona como una kunsthaus de producción y exhibición, donde se puede ver teatro, danza, performance o exposiciones. ¿Por qué merece la pena? Porque, más allá de su apuesta arriesgada, nos permite asomarnos al proceso creativo. Muchas piezas se ensayan y construyen delante del público.

Murcia escénica

Puede que Cartagena acapare los titulares cuando se habla de teatro, pero el casco antiguo de Murcia conserva dos escenarios históricos que merecen una visita sin mirar siquiera la cartelera. En la calle Enrique Villar, el Teatro Circo Murcia es una auténtica rareza. Inaugurado a finales del siglo XIX, responde a un modelo casi extinto de recinto, adaptado para acoger espectáculos circenses. Solo hay que alzar la vista para entenderlo: su cubierta, imponente y poco habitual, sigue enmarcando la experiencia. Por estas tablas ha pasado de todo: desde números ecuestres y combates de boxeo, hasta las primeras proyecciones cinematográficas. Una versatilidad que sigue latente en su ADN, con una programación familiar, abierta a la variedad y la sorpresa.

A unos minutos, el Teatro Romea encarna la cara más clásica. Su fachada rosada, coronada por bustos de Beethoven, Mozart y Listz, subraya la solemnidad de su repertorio: ópera, zarzuela, danza, grandes producciones… ¿Lo mejor? Su propia leyenda: levantado sobre un antiguo convento dominico, se dice que un fraile maldijo el edificio, condenándolo a arder tres veces. Ya ha sufrido dos incendios; el tercero, según el mito, llegará con el aforo completo. Por eso siempre se queda un asiento vacío, añadiendo una capa más de tensión a cada función.

Concierto de Morgan en el Teatro Circo Murcia con el público durante la actuación
Actuación del grupo Morgan en el Teatro Circo de Murcia.

Un laboratorio de cine

En Murcia, muchas noches terminan (o empiezan) en la Filmoteca Regional Francisco Rabal. Situada junto al mercado de Verónicas y a un paso de la plaza de las Flores, dos de las zonas con más ambiente, es fácil dejarse llevar: sus interesantes ciclos temáticos y retrospectivas, lejos de la imposición de la taquilla, invitan a mirar la pantalla con calma y contexto.

La Filmoteca preserva la memoria cinematográfica de la región. Cuenta con un valioso fondo con más de 1.500 grabaciones (muchas de ellas, trabajos amateur), rescatadas de archivos domésticos, anticuarios o mercadillos. Además, acaba de estrenar un laboratorio de restauración fílmica, abierto al público, para devolverle la vida a las películas y ofrecer una experiencia total. El cierre perfecto para esta aventura murciana.