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Museo Helga de Alvear. Foto: Tom Nogales

Museo Helga de Alvear. Foto: Tom Nogales

, 23 abril 2026

Hacia la Capital Europea de la Cultura 2031: un recorrido por las ciudades finalistas

De Granada a Cáceres, de Las Palmas de Gran Canaria a Oviedo: las cuatro ciudades que compiten por el título comparten una escena cultural vibrante, con festivales, teatros y museos que, al margen del veredicto, son motivo suficiente para hacer las maletas

El jurado ya ha decidido: Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo son las finalistas a Capital Europea de la Cultura de 2031. Un título que distingue a las ciudades capaces de situar la cultura en el centro de su desarrollo y proyectarla más allá de sus fronteras.

A la espera del veredicto, hay algo que está claro: las cuatro llevan tiempo construyendo esa identidad. No es casualidad que sus propuestas culturales figuren en la selección de Lo Mejor de la Cultura: comparten una programación cuidada, que da espacio tanto a grandes nombres como a creadores emergentes, y abren la cultura a la ciudad, sacándola de los circuitos habituales.

Este es un pequeño recorrido por algunos de ellos.

Vistas panorámicas de la Alhambra y el Generalife en Granada, ciudad finalista a Capital Europea de la Cultura 2031
La silueta rojiza de La Alhambra y el Generalife domina el horizonte de Granada.

Granada: la herencia como motor creativo

Granada es mucho más que La Alhambra y el Generalife, pero resulta imposible entenderla sin su presencia. La silueta del conjunto nazarí, imponente desde cualquier punto, no solo ha moldeado la mística de la ciudad, también su forma de relacionarse con el patrimonio: un paisaje heredado al que vuelven una y otra vez para entenderse y encontrar nuevas formas de habitarlo.

Porque no importa cuántas veces hayas ido: la Alhambra siempre revela una cara distinta. Podemos seguir el itinerario clásico, desde la sobriedad de la Alcazaba a los simétricos jardines del Generalife; o recorrerla con perspectiva de género, atendiendo a las huellas de las mujeres que la habitaron. Los nuevos itinerarios del Patronato trascienden lo monumental. La ruta Dobla de Oro (un guiño a la antigua moneda nazarí) incluso salta los muros para seguir el rastro por el Albaicín: desde el Corral del Carbón, donde se reunían lo mercaderes, hasta la casa de Zafra, una de las viviendas hispanomusulmanas mejor conservadas, el pasado se mezcla con la vida cotidiana.

Concierto en el Palacio de Carlos V durante el Festival de Música y Danza de Granada, ciudad candidata a Capital Europea de la Cultura 2031
El Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

Pero, si hay un momento idóneo para ver otra cara de ese legado es a comienzos de verano. El Festival Internacional de Música y Danza de Granada, uno de los eventos culturales más importantes de Granada, lo transforma en un gran escenario al aire libre. La ópera y la música sinfónica ocupan el Palacio de Carlos V, mientras que en el Teatro del Generalife o el Palacio de los Córdova vuelve la danza, el jazz o el flamenco.

Esa doble lectura del pasado continúa en la Madraza Centro de Cultura Contemporánea, el corazón de la Universidad de Granada. Asentada en la primera madrasa pública musulmana (conserva su espectacular oratorio), ahora acoge exposiciones de arte contemporáneo, conferencias, presentaciones o ciclos interdisciplinarios; un espacio de diálogo y pensamiento que conectan ese legado con las prácticas contemporáneas.

Fachada del Museo Helga de Alvear con arquitectura contemporánea de líneas limpias y volúmenes geométricos en Cáceres.
Fachada del Museo Helga de Alvear en Cáceres. Foto: Joaquín Cortes.

Cáceres: la ciudad como escenario

Al cruzar el Arco de la Estrella, la puerta a la Ciudad Monumental, Cáceres cambia de época: las calles se estrechan, la piedra amarillea y aparece ese trazado medieval de palacios y torres desmochadas tan cinematográfico. Su resistencia al paso del tiempo ha atraído a directores como Paul Verhoeven o Ridley Scott; incluso Juego de Tronos situó aquí uno de sus reinos, colocándola en el mapa del turismo seriéfilo.

Pero lo de Cáceres con la escena viene de lejos. La inauguración del Gran Teatro de Cáceres en los años 20 revolucionó la ciudad y hoy sigue siendo símbolo de resistencia. Sobre el escenario conviven danza, teatro, música con propuestas para todos los vecinos. Cada año se convierte en la sede de la Muestra Ibérica de Artes Escénicas en Extremadura, MAE, un encuentro profesional donde se pueden ver espectáculos que rara vez pasan por el circuito habitual.

Interior del Gran Teatro de Cáceres con patio de butacas, escenario y ornamentación clásica iluminada en Cáceres.
Interior del Gran Teatro de Cáceres.

En verano, la cultura se vive en la calle. Con el Festival de Teatro Clásico de Cáceres, espacios como la Concatedral de Santa María o la bulliciosa plaza de San Jorge, recuperan el esplendor del teatro del Siglo de Oro, combinando las grandes producciones, con reinterpretaciones contemporáneas y propuestas urbanas. En la Plaza Mayor, el festival multicultural WOMAD Cáceres, traerá a la ciudad las músicas y ritmos de todos los continentes.

No es casualidad que la galerista Helga de Alvear también eligiera Cáceres como hogar de su impresionante colección. El precioso edificio modernista, ampliado a partir de la histórica Casa Grande, reúne más de 3.000 obras de artistas contemporáneos, como Kandinsky, Bourgeois, Helena Almeida o los primeros trabajos de Ai WeiWei. A unos minutos, la Fundación Atrio defiende que el arte es una herramienta de cambio, y lo pone en práctica con exposiciones y encuentros que conectan la creación contemporánea con la gastronomía o el pensamiento.

Exterior del Auditorio Alfredo Kraus frente al mar, con su imponente estructura moderna junto a la playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria.
Vista panorámica del Auditorio Alfredo Kraus en la playa de Las Canteras.

Las Palmas de Gran Canaria: creación desde los márgenes

En la playa de Las Canteras, en el extremo más abierto al Atlántico, emerge el Auditorio Alfredo Kraus. Mitad faro, mitad fortaleza, Óscar Tusquets reservó el mejor golpe de efecto para el interior: un ventanal que abre la sala sinfónica al mar, convirtiéndolo en parte de la función. “Y hay directores lo suficientemente tontos que lo hacen cerrar porque dicen que distrae al público”, se quejaba en el documental Dios lo ve. Pero no es solo la sede de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, también hay conciertos, recitales de poesía o festivales, como el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, imprescindible para descubrir lo mejor de la escena independiente.

El auditorio forma parte de esa generación de edificios firmados por arquitectos estrella que transformaron el paisaje canario en los noventa. Detrás del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en el barrio colonial de Vegueta, está Sáenz de Oiza. Que no te engañe su sobria fachada: detrás, levantó una estructura de luz y acero, al servicio del arte canario. De las arpilleras de Manolo Miralles a las sinuosas esculturas de Martín Chirino, dibuja una escena marcada por su vocación tricontinental, donde África, América y Europa se mezclan, otorgándole esa identidad única.

Actuación al aire libre del Temudas Fest con artistas en escena y público en un espacio urbano de Las Palmas de Gran Canaria.
Actuación durante el Festival TEMUDAS de Las Palmas de Gran Canaria. Foto: Tony Hernández.

El paisaje salvaje de Las Palmas tiene ese efecto para atraer y cultivar talento. Aquí no hay temporada baja. Cuando termina el verano, el festival TEMUDAS convierte Maspalomas en un escenario abierto (y gratuito) al teatro, la danza o el circo; todo elegido bajo principios de inclusión y vanguardia. En octubre, Masdanza le toma el relevo para llevar la danza contemporánea a espacios fuera de lo convencional; una cita marcada en el calendario de creadores emergentes que encuentran aquí la oportunidad de ser seleccionados para residencias artísticas o colaboraciones.

En el día a día, los teatros sostienen la vida cotidiana del barrio. El Teatro Cuyás, un edificio racionalista en el corazón de Triana, es el favorito del sector: una sala preciosa y una cartelera cuidada con grandes producciones y nuevas dramaturgias. En el Teatro Guiniguada, volcado en la creación canaria y los proyectos experimentales, todo ocurre a una escala más doméstica. Un espacio a medio camino entre el laboratorio y el escaparate, donde las obras parecen hacerse sobre la marcha.

Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias
Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias. Foto: Marcos Morilla

Oviedo: la tradición que permanece

Resulta lógico que en Oviedo se concentren los mayores tesoros del prerrománico, y no hace falta subir al Monte Naranco para entenderlo (aunque la belleza tranquila de las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, con la luz de los atardeceres sobre la colina, se defiende sola). Mientras las grandes ciudades tienden a mimetizarse entre sí, la capital asturiana conserva su aire señorial, con librerías históricas y comercios locales que exhiben con orgullo los años que llevan formando parte del tejido urbano. La Confitera Rialto reparte sus clásicas moscovitas desde 1926, sin necesidad de reinventarse.

En la plaza de la catedral, junto a la estatua de La Regenta, el Museo de Bellas Artes de Asturias representa bastante bien ese empeño por cuidar lo propio. Lo que comenzó como una colección modesta ya supera las 15.000 obras de arte, repartidas en cuatro históricos edificios (la armónica ampliación del estudio Mangado & Asociados ha ganado el Premio Chicago Athenaeum). El recorrido va del siglo XIV, con tablas góticas y flamencas, al arte contemporáneo, y tiene un claro protagonista: el arte asturiano. El Greco, Picasso o Sorolla conviven al mismo nivel con las escenas autóctonas de Evaristo Valle o el icónico Recogiendo la manzana de Nicanor Piñole.

Fachada del Museo de Bellas Artes de Asturias en Oviedo
Palacio de Velare del Museo de Bellas Artes de Asturias. Foto: Kike Llamas.

Saliendo del museo, a muy poca distancia, aparece el Teatro Campoamor, uno de los grandes símbolos culturales de la ciudad, donde cada año se entregan los Premios Princesa de Asturias. Culpables del flechazo de Woody Allen por Oviedo, que desde que aceptó el galardón en 2002 no ha dejado de elogiarla: “deliciosa, exótica, bella y peatonal”. Motivo suficiente para que le dedicaran una estatua, como manda la tradición local.

El Teatro Campoamor también es un imán para los amantes de la ópera, de hecho, la ópera forma parte de la rutina de la ciudad. La temporada lírica de Oviedo, una de las más antiguas de España, presenta cada septiembre un repertorio sólido, donde conviven grandes títulos, como Rigoletto o Carmen, con producciones propias más arriesgadas. Un sitio perfecto para iniciarse en el género.