
La casa de Alcanada se convierte en un personaje más de Forastera.
Mallorca, 22 julio 2026
La Mallorca de ‘Forastera’, recorremos la isla con la directora Lucía Aleñar
Entre calas y paisajes misteriosos, la directora comparte los rincones de la isla que inspiraron su ópera prima, ‘Forastera’, encargada de inaugurar el Atlàntida Mallorca Film Fest
Forastera, la ópera prima de Lucía Aleñar (Madrid, 1993), es un cuento de verano sobre el duelo y la identidad. «Una exquisita historia de fantasmas», señalan en The New York Times, que sigue los pasos de Cata, una adolescente que, en plena búsqueda de su propia identidad, se tiene que enfrentar tanto a la muerte inesperada de su abuela como a los nuevos roles que la pérdida abre dentro de la familia. «Para que el personaje hiciera el viaje que me interesaba, su mundo tenía que sentirse como una burbuja, un lugar inquietante que le permitiera jugar y desaparecer», explica la directora, que encontró ese escenario en Mallorca.
Instalada desde hace años en Estados Unidos —tras terminar el instituto se mudó para estudiar cine en la Universidad de Nueva York y ahora reside en Los Ángeles—, la distancia, y un poco la morriña, la llevaron a rodar íntegramente en la isla de su familia paterna. Esos paisajes del norte, donde pasó todos los veranos de su infancia, determinan la mirada ajena y curiosa de su protagonista. «Como forastera que soy, pero con fuertes vínculos familiares, quería retratar una Mallorca partiendo desde ese punto de vista. El personaje tiene una relación mágica pero intermitente con la isla. Es capaz de moverse por distintos ámbitos como playas turísticas o fiestas de pueblos cercanos, sin adentrarse demasiado. Lo prueba todo y además tiene un hogar donde refugiarse», señala la cineasta que inaugura la nueva edición del Atlàntida Mallorca Film Fest .
La película, una evolución natural del corto homónimo que presentó en la Semana de la Crítica de Cannes en 2020, lleva meses recorriendo festivales internacionales. Obtuvo el prestigioso Premio FIPRESCI del Festival Internacional de Cine de Toronto y en la Seminci de Valladolid sumaría el Premio Pilar Miró a la Mejor Dirección Novel. El nombre de aquella precoz Antonia ha cambiado, pero sigue teniendo el rostro de una hipnótica Zoe Stein (Mantícora), que encontrará entre la ropa de su abuela, el uniforme para sentirse vista. También el abuelo, al que da vida Lluís Homar, tras siete años alejado del cine, se aferra a ese parecido para seguir prolongando la presencia de la mujer que acaba de perder. Entre ambos levantan una ficción silenciosa que convierte el duelo en un territorio compartido, donde la identidad se confunde con la memoria y los fantasmas parecen cobrar vida.
Ese paisaje desdibujado, que tanto protege a los personajes como los desorienta, tiene unas coordenadas muy precisas. Aleñar escribió el guion pensando en el norte de Mallorca, en los pueblos de Alcúdia y Pollença que conoce desde niña y que terminaron filtrándose en la película: «Es una versión muy particular de Mallorca, casi como una postal, de un atractivo indudable pero con esos tintes artificiales y extraños que muchas veces evocan las postales». Junto a los equipos de fotografía y dirección de arte acabó construyendo un territorio reconocible y, al mismo tiempo, universal. «Buscábamos lugares auténticos que nos permitieran componer planos abiertos, pero que también pudiéramos descontextualizar de una contemporaneidad inmediata».
"Es una versión muy particular de Mallorca, de un atractivo indudable pero con esos tintes artificiales y extraños que muchas veces evocan las postales"
Lucía Aleñar
En Alcanada, un tranquilo enclave a pocos kilómetros del puerto de Alcúdia, conocido por albergar el Museu Sa Bassa Blanca, encontraron la casa. «Es un personaje más en esta película. Tenía muy claro que quería un lugar con vistas al mar y una localización nos permitiera rodar de manera casi laberíntica; que no supiéramos dónde estaba cada habitación en relación con las demás», cuenta, requisitos que complicaron un poco la búsqueda. «La mayor sorpresa nos la llevamos cuando vimos esa terraza acristalada. Yo quería tener la presencia del mar en la casa, pero nunca me imaginaba que fuese a tenerla así. Este detalle transformó por completo el enfoque que le dimos a la casa, cómo rodamos los interiores e incluso cómo tratamos el diseño sonoro».
El mapa de Forastera se despliega a lo largo de la costa de Alcúdia. En Bonaire, la mezcla de arena y rocas de la playa de Sant Joan, reunía la estética que Aleñar buscaba para la película. «Si no acababa muy tarde o muy cansada, me gustaba salir a correr alguna vez por la zona para desconectar del día», recuerda. Más al norte, Es Coll Baix guarda uno de sus paisajes más enigmáticos. «Por esos caminos rodamos algunos planos de las niñas en bicicleta que me resultan muy misteriosos. Y la playa en sí es una joya». Alcúdia acabó convirtiéndose en el refugio del equipo y Es Racó de Ronda, al lado de la muralla, el restaurante de confianza al que siempre volvían.
«Fue un rodaje muy intenso así que no hubo mucho tiempo para explorar, pero recuerdo disfrutar mucho de un día de playa en la Cala Sant Vicenç». Escondido entre los acantilados del extremo norte de Pollença, este suceder de calas —cualquier local subrayará que son cuatro encadenadas—, lleva años inspirando todo tipo de intrigas. Aquí recaló la escritora Agatha Christie en los años treinta. Vino con su marido, el arqueólogo Max Mallowan, y, mientras él tomaba notas para un libro de arqueología mediterránea, ella las tomaba de las conversaciones que tenían los huéspedes del hotel en el que se alojaban. Una labor bastante fructífera que acabó plasmada en El misterio de Polleça, uno de los relatos más originales de la británica. Pollença completa la geografía de Forastera. Del Port al Calvari, la película transita por una Mallorca más luminosa y emocional. «Tengo muchos recuerdos de noches de verano subiendo las escaleras interminables», apunta Aleñar.
Forastera inaugurará el Atlàntida Mallorca Film Fest, la noche del 26 julio, en una edición que apuesta por el talento balear. «Me siento muy afortunada de poder inaugurar este festival tan especial con una película que rodamos a tan solo unos 60 kilómetros de Palma. La isla nos arropó durante muchas semanas y me hace mucha ilusión cerrar este ciclo volviendo a donde empezó todo», confiesa Aleñar que ya sabe qué títulos no piensa perderse: La Carn de Joan Porcel, Straight Circle de Oscar Hudson y el documental de John Wilson. Fuera de la ficción, la directora también tiene su propio mapa cultural en Palma, donde siempre intenta pasar por la Fundació Miró Mallorca y Es Baluard Museu d’Art Contemporani.


