
Viviane Sassen. Belladonna, 2010 (c) Viviane Sassen
, 28 mayo 2026
Qué hace tan fascinante a Viviane Sassen, la «exhibicionista» que cambió la imagen del cuerpo
La fotógrafa que revolucionó la manera de retratar el continente africano o la sexualidad protagoniza una de las grandes retrospectivas de PHotoESPAÑA 2026, un viaje a través de tres décadas marcado por el surrealismo, la memoria y las luces y sombras
Viviane Sassen (Ámsterdam, 1972) nunca ha entendido la fotografía como una forma de documentar la realidad. Sus imágenes y collages, donde confluye su mirada artística con su experiencia en moda, parecen surgir del subconsciente e invitar al espectador a que proyecte también el suyo. Marcada por su infancia en África, donde vivió muy poco tiempo pero sin la que no se entendería su obra, ha construido un universo magnético y extraño, donde los cuerpos tienden hacia lo escultórico y los colores, siempre luminosos y saturados, conviven con las sombras.
No es casualidad que sea una de las grandes protagonistas de PHotoESPAÑA 2026, una edición dedicada a la imaginación como forma de transformar la realidad. El festival le dedica su primera retrospectiva española, LUX & UMBRA (en el Fernán Gómez Centro Cultural de La Villa del 3 de junio al 26 de julio), en la que recorre más de tres décadas de imágenes, atravesadas por el surrealismo, la moda, el deseo y la memoria africana. Aprovechando la exposición, repasamos algunas de las obsesiones que la han convertido en una de las fotógrafas más fascinantes de la escena contemporánea.
Encontró la belleza en los cuerpos extraños
La infancia de Viviane Sassen en Kenia ha definido toda su obra. A pesar de que tan solo vivió allí entre los dos y los cinco años, mientras su padre trabajaba como médico en un hospital, esas memorias de África se revelan en los colores saturados, la intensidad de la luz y su concepción del cuerpo. Muchos de los niños con los que jugaba tenían secuelas de la polio, a los que observaba inconsciente de lo que estaba viendo, cautivada por la extrañeza anatómica. “Siempre me ha fascinado el cuerpo y las formas que puede adoptar. Un cuerpo puede trascender una emoción”, suele decir. Quizás por eso en sus fotografías aparecen fragmentados, próximos a lo escultórico y el anonimato, como si intentaran escapar de un ideal de belleza.
Retrató África lejos de los estereotipos
¿Qué hace una chica holandesa fotografiando el continente africano? Sassen entra en el estereotipo que existe de los nórdicos, es lo bastante alta, rubia y blanca, como para que las acusaciones de apropiación cultural la hayan perseguido en los últimos años. Y, aunque no ha dejado tampoco de cuestionarse, es innegable que su obra rompió con la mirada documental y paternalista de los noventa y 2000. En series como Flamboya, resultado de sus viajes por Kenia, Tanzania o Zambia, muestra un territorio lleno de color, moda, luz y deseo. En lugar de retratar África, huye del reportaje para abrazar el surrealismo, y construir escenas propias cargadas de identidad y simbolismo.
Su trabajo nace de los sueños
Los sueños en el universo de la fotógrafa tan importantes como su mirada despierta. Ha contado en numerosas ocasiones que los recuerdos más intensos provienen precisamente de ese mundo. Una lógica onírica que ha marcado series como Parasomnia, un título que, precisamente, hace referencia a los trastornos del sueño: sonambulismo, hablar dormida, terrores nocturnos. Como explicaba en The Guardian, para ella “la fotografía trata de adentrarse en un mundo inconsciente. Intento evocar ese universo paralelo que viví de niña y que no pude encontrar al regresar a Holanda. Todos los artistas, en cierta medida, hacen autorretratos; eso es lo que hago yo, de forma instintiva”.
Carl Jung le ayudó a curar la herida
Sus imágenes están llenos de contrastes: luz y sombra, deseo y ausencia, lo corriente y lo extraordinario y, por supuesto, la vida y la muerte. Carl Jung le ayudó a entender esos claroscuros tan característicos de su obra. Umbra, una de sus series más personales, la fotógrafa se inspiró en su teoría de “la sombra”: ese lugar del subconsciente donde se esconden los miedos, las fantasía y todo aquello que intentamos ocultar. Un proceso creativo en el que terminó enfrentándose a la muerte de su padre, fallecido cuando ella tenía veinte años. “En mi juego con la luz y la oscuridad, he podido ver detrás de mi propia sombra. En Umbra me despedí de él una vez más, para siempre y en paz”.
Utilizó el retrato para recuperar el control de su imagen
Antes de convertirse en fotógrafa, Viviane Sassen estudió moda en Arnhem y lo compaginó con trabajos de modelo. La experiencia no le gustó demasiado, pero sí le sirvió para entender cómo quería relacionarse con la imagen. Como contó en The Observer: “Creo que la experiencia de ser fotografiada por hombres influyó en lo que intentaba hacer: mostrar un tipo de sexualidad diferente a la creada por la mirada masculina. Una más fragmentada, desarticulada. Siempre he sido una exhibicionista muy tímida”. Quizás por eso, su obra juega a lo oculto y la exhibición. La fotografía y, en especial, el retrato le permitió recuperar el control de su propia imagen y explorar también su cuerpo y su sexualidad.
Vivió en Versalles y convirtió sus secretos en obras
El Palacio de Versalles, dentro del programa que invita a varios artistas a reflexionar sobre la institución, la escogió junto a Nan Goldin o Martin Parr en 2019. Durante meses tuvo acceso a su totalidad y, lejos de quedarse con la postal monumental, se interesó por sus archivos e historias ocultas: los escándalos románticos, el exceso de sexualidad y, en consecuencia, las enfermedades. De ahí nació Venus & Mercury, un guiño tanto al dios romano como a la sustancia que se utilizaba para tratar la sífilis. Una serie en la que retrata a los chicos que crecieron en las proximidades del Palacio, mezclándolos con su opulencia y los detalles personales de los aristócratas que lo habitaron, como las cartas de María Antonieta o las prótesis de nariz que utilizaban sus vasallos para ocultar la enfermedad.
Mantiene una relación ambigua con la moda
Aunque Viviane Sassen estudió diseño y ha construido buena parte de su carrera en la industria (ha fotografiado campañas para Miu Miu, Louis Vuitton o Stella McCartney, además de publicar en las cabeceras más importantes y alternativas), siempre ha mantenido una relación ambigua con la industria de la moda. Un conflicto que hace que sus campañas rara vez lo parezcan. La ropa no importa más de lo que se puede hacer con ella: el movimiento, las poses, la identidad. Funciona más como un espacio de experimentación que como escaparate.
No le interesa la imagen perfecta
Sassen ha explicado varias veces que le aburren las imágenes demasiado pulidas. Prefiere trabajar rápido, improvisar y dejar que aparezca cierto accidente. Incluso utiliza Photoshop de forma imperfecta para conservar esa sensación intuitiva y física en sus obras. ¿El resultado? Lux & Umbra, treinta años de trabajos que parecen moverse entre el sueño, el surrealismo y la extrañeza. Tan incómodas como magnéticas.


