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Ewa Juszkiewicz. Portrait in Venetian Red (after Élisabeth Vigée Le Brun) 2024. Colección privada © Ewa Juszkiewicz

Ewa Juszkiewicz. Portrait in Venetian Red (after Élisabeth Vigée Le Brun) 2024. Colección privada © Ewa Juszkiewicz

Madrid, 20 mayo 2026

Ewa Juszkiewicz y el arte de sabotear el retrato clásico usando su propio lenguaje

Las obras enmascaradas de la artista polaca llegan al museo Thyssen-Bornemisza de Madrid con una exposición que reinterpreta la pintura clásica desde el humor, el absurdo y la crítica feminista.

Las mujeres de Ewa Juszkiewicz (Polonia, 1984) parecen tener un pie entre un museo flamenco y una pesadilla gótica dirigida por Emerald Fennell. La artista polaca se ha apropiado de la pintura clásica que tanto le fascinaba de niña para poner en cuestión siglos de representación femenina. Si en muchos retratos históricos la mujeres apenas tenían expresión, en su obra, el rostro desaparece bajo cabelleras imposibles, montañas de tela y vergeles exóticos. Naturalezas muertas con las que consigue, contra todo pronóstico, dotarlas de una personalidad imposible de encasillar.

Los retratos enmascarados que protagonizan la nueva exposición del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, comisariada por Guillermo Solana en estrecha colaboración con la artista, subvierten los códigos clásicos desde el humor y el absurdo. “Me di cuenta de que la mayoría de los retratos de los siglos XVIII y XIX tendían a representar a las mujeres de una manera muy estereotipada e idealizada. Sus poses y gestos se repiten con frecuencia y sus expresiones faciales son uniformes”, reflexionaba en una entrevista en Gagosian Quarterly. “Mi objetivo es perturbar las convenciones estéticas existentes y liberar lo que se esconde tras ellas: la individualidad, la expresión, la vitalidad”.

De izq. a dcha., las obras Ewa Juszkiewicz: In a Shady Valley, Near a Running Water (after François Gérard) 2023. FAMM (Femmes Artistes Musée Mougins), The Levett Collection © Ewa Juszkiewicz; y The Harpist (after Thomas Sully) Colección privada © Ewa Juszkiewicz

Crecer en Gdańsk, una ciudad medieval repleta de iglesias y pintura antigua, moldeó buena parte de este imaginario historicista. La riqueza cromática y la precisión técnica de los retratistas clásicos, como Jan van Eyck o Élisabeth Vigée Le Brun (la pintora favorita de María Antonieta), resuenan en sus óleos. Incluso su forma de trabajar parece de otra época. Dedica semanas a la investigación, en busca de pequeños detalles: un mechón de pelo, un drapeado imposible, una joya oculta… que primero transforma en esculturas efímeras antes de trasladarlas definitivamente al lienzo.

La diferencia es que tras esas capas de óleo y veladuras, la mirada de Juszkiewicz está moldeada por la perspectiva de género y la crítica cultural. Defensora de que las obras más interesantes surgen de la remezcla y la apropiación, en su universo conviven ensayos feministas, como El mito de la belleza de Naomi Wolf o el ensayo de Linda Nochlin ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?; con la moda liberadora de diseñadores como Rei Kawakubo, Iris van Herpen o Alexander McQueen. Incluso Louis Vuitton terminaría colaborando con ella en una de sus colecciones.

Obra de Ewa Juszkiewicz inspirada en retratos clásicos del siglo XVIII
De izq. a dcha. las obras de Ewa Juszkiewicz: The Letter (after Adélaïde Labille-Guiard) Colección privada © Ewa Juszkiewicz; y Girl with a Fan (after Johann Heinrich Tischbein the Elder) 2023. Colección de Jen Rubio y Stewart Butterfield © Ewa Juszkiewicz.

La monográfica del Thyssen-Bornemisza (hasta el 6 de septiembre) permite comprobar cómo, en sus cuadros, el cuerpo femenino deja de ser una figura pasiva para convertirse en algo difícil de domesticar. Ni el hecho de tener visión limitada impide a sus mujeres tocar el arpa, atarse los cordones, leer o aburrirse. Como si después de siglos convertidas en objetos decorativos, Juszkiewicz hubiera encontrado la forma de devolverles una vida propia.