![Imagen-02_1-(1) Blanca Sánchez, Elvis the King Forever [Elvis el Rey por Siempre], ca. 2000. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía @Herederos de Blanca Sánchez.](https://lomejordelacultura.com/wp-content/uploads/2026/07/Imagen-02_1-1.jpg)
Blanca Sánchez, Elvis the King Forever [Elvis el Rey por Siempre], ca. 2000. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía @Herederos de Blanca Sánchez.
Madrid, 23 julio 2026
Blanca Sánchez, la “chica Almodóvar” que impulsó la Movida y el nuevo arte español
El Museo Reina Sofía reivindica a la galerista y comisaria con ‘Leche, nieve, lágrima, mano. El saber hacer de Blanca Sánchez’, una exposición que abre sus archivos personales y reconstruye su método de trabajo
El nombre de Blanca Sánchez Berciano (Madrid, 1948 – 2007) casi siempre ha aparecido acompañado del de otros. Fue amiga y musa de Almodóvar, representante de Alberto García-Alix, Carlos Berlanga o Alaska y Dinarama; mano derecha del galerista Fernando Vijande y comisarió la primera exposición española de Andy Warhol. Gestora cultural, comisaria, coleccionista —por enumerar solo alguna de sus muchas facetas—, la madrileña impulsó la renovación de la escena artística española durante la Transición y la Movida, sin embargo, su figura ha permanecido en un discreto segundo plano.
Leche, nieve, lágrima, mano. El saber hacer de Blanca Sánchez, la exposición que el Museo Reina Sofía le dedica hasta el 9 de octubre en la Biblioteca y Centro de Documentación, no pretende reconstruir su biografía, sino su fascinante manera de pensar. Comisariada por estudiantes del Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual, la muestra se adentra en su archivo personal para descubrir un pensamiento marcado por la sensibilidad camp y una concepción del collage que iba mucho más allá de una técnica artística. Para Blanca Sánchez, creación, trabajo y vida cotidiana formaban parte de un mismo proceso. El propio título de la exposición procede de un caligrama mecanografiado hallado entre sus papeles.
«Blanca era la encarnación de una mujer nueva, moderna, cosmopolita, culta, libre y sin fantasmas de la dictadura. Fue la principal inspiración de los personajes femeninos que escribí en esas décadas», recordaría Pedro Almodóvar. Su amistad ha contribuido, en cierto modo, a fijar el recuerdo de la galerista. Tras formarse entre Londres, Fráncfort, París y Colonia, Sánchez regresó a Madrid en los setenta y compartió techo con el director manchego en el piso de Doctor Esquerdo, el mismo que aparece en Luci, Bom y otras chicas del montón. Además de hacer de secretaria de Carmen Maura, la vistió con su propia ropa, al igual que Cecilia Roth en Laberinto de pasiones. Dicen que la inocente Candela, de Mujeres al borde de un ataque de nervios, también está inspirado en ella. En su caso, el hombre del que se enamoró no era un terrorista chií, sino un miembro de ETA, al que alojó en su casa sin saber que preparaba un asalto a la cárcel de Carabanchel.
Más allá de las anécdotas, Blanca Sánchez fue el puente entre Almodóvar y muchos de los artistas de la época. Guillermo Pérez Villalta realizó los créditos de Folle, folle, fólleme, Tim (1978), Ceesepe los de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón e Iván Zulueta firmó el cartel de La caída de Sodoma. Muchos de los documentos reunidos en la exposición dejan entrever la efervescencia de la Movida madrileña y el lugar que ocupó la galerista en su concepción.
Entre las piezas expuestas destaca Divina Providencia, el álbum que Costus le dedicó en 1982. Un mejunje de fotografías, recortes de prensa y episodios protagonizados por Fabio McNamara, Fernando Vijande o la propia Blanca Sánchez, hasta el punto de que resulta imposible distinguir dónde termina la realidad y comienza la ficción. Como el resto de su archivo, el álbum convierte la memoria en un collage kitsch con el construyeron su propia mitología.
La mesa central de la sala es quizá la mejor síntesis de ese universo creativo. Concebida como una evocación de su espacio de trabajo —recuerda inevitablemente al despacho viral de Sofia Coppola—, reúne documentos, flores, envoltorios de chocolate, azucarillos, cartones, fotografías, anotaciones y recortes. Todos los elementos aparecen al mismo nivel, sin jerarquías, como si cualquier objeto pudiera convertirse en el punto de partida de una asociación. Porque Blanca Suárez no fue solo una mediadora o una comisaria: también dibujaba, escribía y hacía collages. Sus seis cuadernos de trabajo, digitalizados para la exposición, permiten asomarse a esa faceta menos conocida.
Que muchos de los documentos carezcan de fecha no es casual. En algunos casos resulta imposible datarlos; en otros, la ausencia es deliberada. Ordenar cronológicamente la trayectoria de Blanca Sánchez sería reducir una carrera constante que siempre escapó de las categorías. Trabajó en las galerías Vandrés y Fernando Vijande, desde donde, como recordaría Pablo Sycet, «impulsó la nueva figuración madrileña, frente al dominante informalismo abstracto y el Grupo de Cuenca», y contribuyó a traer a España la obra de Andy Warhol y Robert Mapplethorpe.
Después llegarían la televisión y la gestión cultural. Formó parte de La edad de oro, el programa de Paloma Chamorro en TVE, y más tarde fue coordinadora de exposiciones en el Círculo de Bellas Artes, donde en 2006 comisarió una de las grandes muestras dedicadas a la Movida madrileña. Más que una cronología, su archivo dibuja el mapa de una época.


