Noticias   |   Destinos   |   

"Camprovín-Konvent" es la obra realizada por los artistas Mateu Targa y Berni Puig, Proyecto Lava, en la edición de 2022.

La Rioja, 09 julio 2026

Camprovinarte, cómo un pueblo de La Rioja llenó de arte el vacío rural

El festival celebra su décima edición del 13 al 19 de julio con cuatro nuevos creadores y una programación que convierte las calles de Camprovín en lugar de encuentro y experimentación

A Camprovín se llega dejando atrás Nájera y ganando altura por las laderas del Serradero, entre los viñedos y campos que definen el paisaje de La Rioja. Lo hacemos siguiendo el rastro del arte contemporáneo, aunque aquí no hay ningún museo al uso. Aparece en una medianera, dobla una esquina o se descubre al final de una calle. Lo que hace una década empezó como una forma de acercar la creación a un entorno rural amenazado por la despoblación ha terminado convirtiendo el municipio en una galería a cielo abierto.

Camprovinarte, el festival de expresiones artísticas que lo ha hecho famoso, surgió en 2017 por iniciativa del Ayuntamiento con la idea de invitar a varios creadores a trabajar en el municipio y sobre él, dejando que sus obras echaran raíces. Con los años, aquella primera convocatoria ha ido sumando obras al paisaje cotidiano y visitantes a una localidad que buscaba nuevas formas de hacerse visible sin renunciar a su orgullo rural.

La artista riojana Sofía Moreno creó la obra “Con(sumo) mimo”, un conjunto de 172 postales, una por cada habitante censado.

La décima edición, del 13 al 19 de julio, confirma además una evolución que se venía fraguando desde hace años. Si en sus inicios fueron los murales los que dieron visibilidad al proyecto, Camprovinarte se ha ido abriendo a la escultura, la instalación y otras formas de creación contemporánea. También los cuatro artistas escogidos para esta edición parten de lenguajes muy distintos: el zaragozano Jorge Aliaga explora los procesos analógicos desde la fotografía y las artes visuales; la catalana Mònica Campdepadrós trabaja con esculturas volumétricas en madera y plástico; Fragua Norte, el dúo de artesanos formado por Juana Migliore y Sergio de Juan, lleva el hierro al terreno artístico; y Sea 162 interviene el paisaje y la arquitectura con pigmentos minerales recolectados en cada territorio.

Durante una semana, Camprovinarte permite contemplar algo que rara vez se ve en una galería, la obra mientras sucede. Los artistas trabajan a la vista de vecinos y visitantes, mientras el festival se despliega a su alrededor con una programación que va mucho más allá de las intervenciones. Las visitas guiadas recuperan el rastro de ediciones anteriores y los talleres, espectáculos y conciertos animan las calles hasta el fin de semana, cuando el mercado de creadores concentra buena parte de la actividad.

'Lavanderas', el homenaje de Estela Ferrer al trabajo de lavado de ropa que realizaban las mujeres antiguamente.

Lo mejor es que no hace falta acertar con las fechas. Cuando los artistas recogen sus herramientas y el municipio recupera su ritmo habitual, las obras se incorporan a la colección, sumando nuevas paradas al callejero del pueblo. Sin el bullicio de esos días, quizá sea más fácil entender hasta qué punto el festival ha cambiado la forma en que Camprovín se mira a sí mismo.