Fotograma de la película de Jacques Deray, 'Avec la peau des autres' / To Skin a Spy (Red siniestra).

Fotograma de la película de Jacques Deray, 'Avec la peau des autres' / To Skin a Spy (Red siniestra).

San Sebastian, 17 septiembre 2026

Zinemaldia repasa la vida de José Giovanni, el guionista que llevó sus propias fechorías a la cumbre del polar francés

El festival de cine de San Sebastián le dedica una retrospectiva al escritor y director francés, cuya experiencia en los bajos fondos marcó su obra y lo convirtió en una figura clave del thriller policíaco

José Giovanni revolucionó el polar francés dotándolo de un realismo descarnado. Despojó al gánster del romanticismo estético de la Nouvelle Vague, para dotarlo de una incómoda humanidad: sus antihéroes están llenos de culpa, vulnerabilidad y lealtad, a pesar de vivir con la paranoia diaria de estar siempre a un paso de la traición. Hay que reconocer que Giovanni partía además con cierta ventaja. Al contrario que Jacques Deray o Jean-Pierre Melville, él no necesitó imaginarse los bajos fondos ni sus códigos deontológicos, los había aprendido a golpes durante una breve e intensa trayectoria criminal que acabaría transformando en una de las filmografías más prolíficas del thriller policíaco francés.

Donostia Zinemaldia, el festival de cine de San Sebastián que celebra del 18 al 26 de septiembre su 74º edición, vuelve sobre esa biografía oscura y enigmática con una gran retrospectiva de 20 títulos. En colaboración con la Filmoteca Vasca, el ciclo repasa cómo un delincuente del hampa llegó a convertirse en novelista y director de culto, y lo hace sin saltarse las aristas más incómodas de su biografía.

Nacido en una familia corsa acomodada, su juventud fue un descenso a los infiernos: colaboró con la Gestapo francesa durante la ocupación y tampoco tuvo reparos en participar en todo tipo de extorsiones y golpes hasta que lo atraparon en un atraco chapucero que acabaría cobrándose tres vidas. El veredicto de 1948 fue inapelable: pena de muerte.

Retrato de José Giovanni. Album / Photo © AGIP / Bridgeman Images descargar

Joseph Damiani, como ponía en su cartilla de nacimiento, pasó meses en una celda de aislamiento, esperando la guillotina, hasta que una clemencia presidencial conmutó su pena por trabajos forzados. De aquella experiencia nació su primera novela, Le Trou, una historia de claustrofobia y supervivencia que Jacques Becker llevaría a la gran pantalla como La evasión (1960). No es difícil entender por qué se considera una de las mejores películas carcelarias, su autor sabía de primera mano cómo suena el metal contra el hormigón cuando intentas abrir un hueco para huir.

El ciclo del Zinemaldia recorre todas sus facetas artísticas. Por un lado, nos devuelve los títulos fundamentales que Giovanni escribió para otros tótems del cine: recupera A todo riesgo, de Claude Sautet, con un Lino Ventura colosal en la frontera, o la mítica Hasta el último aliento, su icónica colaboración con Jean-Pierre Melville. Pero el verdadero valor de este monográfico radica en rescatar la totalidad de su obra como director, con piezas complejas como Último domicilio conocido o El clan de los marselleses, sobre hombres que se parecían demasiado a sus antiguos compañeros de presidio y buscaban desesperadamente la redención. 

Jean Paul-Belmondo en una escena de la película 'Ho! (Criminal Face)' de Robert Enrico que se proyectará en el Festival de cine de San Sebastián 2026
Jean Paul-Belmondo en una escena de la película 'Ho! (Criminal Face)' de Robert Enrico. © 1968 - TF1 DROITS AUDIOVISUELS - MEGA FILMS

Para poner orden en este laberinto de pólvora y masculinidad, el festival acompaña las proyecciones con el lanzamiento del libro José Giovanni. No hay vida plena sin piedad, una ambiciosa investigación de Felipe Cabrerizo editada por Quim Casas, que profundiza en las entrañas de un hombre que dedicó su vida a reescribir su propio pasado. No hay que obviar que su carrera esconde una de las grandes mentira del cine francés. Durante su época de gloria, mitos como Jean-Paul Belmondo o Alain Delon rodaban, cenaban y compartían confidencias con él ignorando por completo quién era en realidad. La industria compró la narrativa del viejo gánster redimido por las letras, hasta que en octubre de 1993,  una investigación periodística destapó que el director no había sido un criminal aficionado, sino un militante de bandas fascistas afines a la Gestapo que chantajeaba y asesinaba a ciudadanos judíos durante la ocupación.

La revelación provocó un cisma moral absoluto. Mientras cineastas de la talla intelectual de Bertrand Tavernier verbalizaban el asco ante la hipocresía de Giovanni, otra parte del estrellato francés prefirió aplicar el código de silencio de los criminales que tantas veces interpretaban en pantalla. Alain Delon y Jean-Paul Belmondo se mantuvieron inquebrantables a su lado, convencidos de que sus truculentas andanzas pertenecían a los tribunales del siglo pasado. Delon, fiel hasta el extremo, defendió públicamente su derecho a la reinserción e incluso protagonizó la última película de Giovanni en 2001, Mi padre, él me salvó la vida. Y quizá ahí esté la clave del cine de José Giovanni que recupera el Festival de San Sebastián, en el peso insoportable de la culpa y el silencio cómplice de quienes deciden perdonarte.