
A la izquierda: Edvard Munch (1863 - 1944) El artista y su modelo. 1919–1921 Óleo sobre lienzo, 128 × 152,5 cm Munchmuseet, Oslo © DeAgostini Picture Library/Scala, Florencia. A la derecha: Pablo Picasso (1881 - 1973) El pintor y la modelo. Mougins, 1963 Óleo sobre lienzo, 130 × 195 cm Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid © Archivo fotográfico Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2025
Málaga, 29 octubre 2026
‘Munch-Picasso’, un encontronazo improbable entre dos genios con muchas obsesiones en común
El Museo Picasso de Málaga reúne a ambos pintores en una exposición que explora sus afinidades, como la muerte, el deseo y la figura de la mujer. ¡Encuentra las coincidencias!
Entre estos dos cuadros hay unos 2.400 kilómetros de distancia, aproximadamente, y dos formas muy diferentes de entender la pintura. A un lado tenemos a Edvard Munch (1863-1944), el maestro de la angustia expresionista, pintando la soledad entre la bruma de los fiordos noruegos. Al otro, a un vitalista Pablo Picasso (1881-1973), bañado en luz mediterránea, con la mente puesta en la próxima vanguardia que adoptará (o inventará). Nunca llegaron a conocerse, pero como señala la comisaria e historiadora Paloma Alarcó, el arte moderno no se entendería sin ellos: “pertenecieron a generaciones y países distintos, pero compartían una similar obsesión por los misterios profundos de la vida”.
Munch-Picasso, la nueva exposición del Museo Picasso de Málaga imagina este encuentro improbable y, en vez de buscar si uno influyó en el otro, nos propone algo mucho más interesante, descubrir las obsesiones que compartían. Y no son pocas. Articulada en siete bloques temáticos, el recorrido enfrenta un centenar de pinturas, dibujos y grabados, para revelar cómo, desde diferentes lenguajes, ambos hablaban de las mismas cuestiones universales: el deseo, la enfermedad, la muerte, la soledad y esa angustia de vivir que compartían los que estrenaron el siglo XX.
Caminos Cruzados
Nacidos con dieciocho años de diferencia, aunque Edvard Munch y Pablo Picasso nunca llegaron a intercambiar palabra, sus obras sí que frecuentaron los mismos sitios. ¿El primer encontronazo? La incendiaria exposición del Sonderbund de Colonia que cambiaría el rumbo del arte moderno. Entre los pintores más rebeldes de la época, serían los únicos artistas vivos que contaron con una sala propia en aquel certamen. A los dos les caería también la etiqueta de arte degenerado, cuando el nazismo decidió perseguir sus obras y retirarlas de los museos. Un estigma que marcaría la historia de ambos y que, décadas más tarde, el mundo del arte acabaría resignificando en la gran exposición colectiva de Oslo de 1951. El segundo encuentro documentado.
Lo que los une ahora en las salas del Museo Picasso de Málaga es su espíritu inconformista. A ambos se les quedaba corto el arte de su tiempo y decidieron crear un lenguaje propio, con el que rompieron con la realidad a golpe de líneas y brochazos salvajes. La exposición recorre sus biografías para entender los grandes asuntos qué condicionaron sus obras. Arranca con los autorretratos, el prólogo de cómo se presentaban ante el mundo, y avanza hacia el desamparo y el luto. La muerte los golpeó desde muy jóvenes y ambos la plasmaron en sus obras sin paños calientes. Vamos a encontrar mucha oscuridad, pero no todo es un drama. Los dos hicieron de la noche, los cafés y los cabarets, sus laboratorios particulares: allí iban a observar a la gente, experimentar con el pincel y retratar, con una mirada renovada, al ciudadano moderno.
La mujer y el cuerpo
Para Munch y Picasso, las mujeres fueron el gran motor de su obra (no exento de polémica; Rosalía lo sabe muy bien) y ocupan un lugar central en la exposición. En sus cuadros se libra un pulso constante entre la atracción y el deseo con un miedo que roza lo patológico. Unas veces aparecen como musas idílicas, pero muchas otras, lo que encontramos son vampiras y asesinas despiadadas. Un reflejo directo de sus propios líos y traumas sentimentales.
La tensión aumenta cuando entran en juego los desnudos. Tanto Munch como Picasso utilizaron el cuerpo humano como campo de experimentación, retorciendo las formas y desafiando los cánones a su antojo. Como apuntan desde el museo, «tanto en los desnudos femeninos en un interior como en los cuerpos masculinos, más heroicos y vitalistas, en comunión con las fuerzas de la naturaleza, los mundos interior y exterior interactúan para crear una intensa tensión emocional que cautiva al espectador. Toda una celebración de la vida a través del arte».
La exposición Munch-Picasso se puede visitar, desde el 30 de octubre hasta el 28 de febrero de 2027, en el Museo Picasso de Málaga. Es uno de los museos más valorados por los panelistas del Observatorio de la Cultura y ocupa uno de los primeros puestos del ranking andaluz.


