Vista de sala de la exposición 'Un diálogo con el arte'.

Vista de sala de la exposición 'Un diálogo con el arte'.

15 octubre 2026

Cuando las joyas dicen lo que el arte calla: Suarez explora el lenguaje de la joyería en el Museo Lázaro Galdiano

La firma de alta joyería bilbaína nos abre su archivo en ‘Suarez. Un diálogo con el arte’, una exposición que reivindica la vocación artística de las joyas y su capacidad para expresar belleza y la pertenencia.

Frente al retrato de Gertrudis Gómez de Avellaneda, en el Museo Lázaro Galdiano, la vista se nos va a la muñeca, donde Federico de Madrazo inmortalizó su joya más preciada: un enorme brazalete del que asoma un mechón de cabello y muchas preguntas. La poeta está envuelta en perlas y diamantes, pero ese contundente guardapelo, cerrado a cal y canto, acentúa el carácter enigmático de esta pionera que bajo el pseudónimo de La Peregrina escribió los versos más intensos del Romanticismo. En el cuadro de Consuelo Gaztambide, el animado collar de coral, un material al que le atribuyen poderes contra el mal de ojo, ha sido clave para resolver un misterio todavía mayor, el de su autoría. La coincidencia de la pieza en otro retrato familiar permitió despejar la ‘R’ y atribuírselo, después de años de investigación, a Raimundo de Madrazo.

Las joyas y el arte, como dice el comisario Eloy Martínez de la Pera, comparten un mismo lenguaje: “Antes incluso de la escritura, las joyas ya hablaban de identidad, pertenencia, poder, espiritualidad, amor, duelo o esperanza. El oro dejó de ser solo un metal cuando comenzó a asociarse con la luz y la incorruptibilidad; el diamante representó la permanencia; la perla evocó pureza”, enumera. De esa complicidad nace Suarez. Un diálogo con el arte (hasta el 25 de octubre), una exposición en la que las creaciones de la casa bilbaína, entablan conversación con los retratos emblemáticos del museo, invitándonos a reflexionar sobre la belleza, la memoria y la trascendencia.

Articulada en cuatro capítulos (Origen, legado, artesanía y contemporaneidad), la muestra nos abre las puertas a los archivos de Suarez, desde piezas históricas hasta nuevas creaciones. Juan Suárez contaba en El País Semanal que él mismo había ido a la casa de unos clientes a buscar un broche que su abuelo (y fundador) hizo en los años cincuenta. Pero tampoco podemos etiquetarla de retrospectiva, lo que nos propone Suarez es ir más allá del adorno y reivindicar la capacidad de la joyería para interpretar su tiempo y preservar la memoria. También rinde homenaje a los artesanos que han acompañado su evolución.

"La joyería nunca fue únicamente ornamento ni expresión de la belleza material. Fue, antes que nada, lenguaje"

Eloy Martínez de La Pera

Suarez y Galdiano, una pasión compartida

¿Por qué el Museo Lázaro Galdiano? La afición por las joyas de José Lázaro Galdiano no es tan conocida, pero el empresario llegó a reunir una de las colecciones de orfebrería y joyería histórica más importantes de España. La conexión entre ambas casas se hace evidente nada más entrar. En La pescadora, el lienzo de Alberto Arrúe que inicia el recorrido, apenas brillan las escamas del pez, pero esa obra nos lleva directamente al Bilbao de 1943, el año en que la familia Suarez también abrió su primera boutique.

A partir de ahí, toca afinar la mirada. Frente a obras de Sofonisba Anguissola, Juan Carreño de Miranda, Claudio Coello o Luis Paret, las joyas establecen un juego de espejos en el que afloran afinidades formales, cromáticas y conceptuales. El zibellino renacentista de Catalina Micaela de Austria encuentra su contrapunto en el animalario de Suarez; el envidiado negro de los retratos de la corte española, dialoga con sus joyas de onix, mientras que el azul del manto de la Virgen se extiende por un universo de zafiros, lapislázulis y aguamarinas.

La visita culmina en la Sala Sinfonía, la última colección homónima de la casa que recupera el logotipo que Suarez diseñó y patentó en 1987 para convertirlo en una sucesión de líneas escultóricas en oro amarillo y diamantes. Desarrollada junto a Amfitheatrof Studio, la propuesta reinterpreta uno de los símbolos de la firma y lo proyecta hacia el presente. Una forma de entender la joyería que resume el propósito de la muestra: transformar la materia en emoción y convertir la belleza en legado.

El Museo Lázaro Galdiano también puede presumir de una nueva incorporación: Strata, un collar de inspiración art déco creado por Suarez para sumarse a sus fondos. Las dos aguamarinas evocan los estanques del Retiro y las esmeraldas, el verde de sus jardines. El azul guarda, además, una historia personal: era el color favorito de Paula Florido, esposa de José Lázaro Galdiano. Una pieza que nace del diálogo entre ambas casas y que, desde ahora, pasa a formar parte de su patrimonio.

 

La exposición Suarez. Un diálogo con el arte puede visitarse hasta el 25 de octubre en el Museo Lázaro Galdiano. C. de Serrano, 122.