
Pipilotti Rist. 'Ever Is Over All', 1997. Instalación de audio y vídeo (captura de vídeo). Cortesía de la artista, Hauser & Wirth y Luhring Augustine. © Pipilotti Rist, VEGAP, Bilbao 2025.
Bilbao, 01 octubre 2026
Pipilotti Rist y el arte de convertir la furia femenina en una explosión de color, humor y liberación
El Guggenheim Bilbao expone ‘Ever is Over All’, la instalación de la videoartista suiza que cambió la forma de representar la ira femenina, convirtiéndola en una catarsis pública y festiva
La escena es desconcertante. Una mujer camina por las calles de Zúrich, alegre y tranquila, como una Dorothy moderna: vestido azul vaporoso, zapatos de un rojo saturadísimo y, en la mano, una enorme tritoma. Una flor tropical que estampará, en cuestión de segundos, contra la ventanilla del coche, rompiéndola en mil pedazos. Sonríe con calma, arropada por una melodía hipnótica e infantil, mientras repite el ritual. Sonríe, con la misma complicidad y naturalidad que le devuelve la agente de policía.
Ever is Over All, la videoinstalación de Pipilotti Rist (Grabs, Suiza, 1962) que inaugura el Guggenheim Bilbao, nació de la propia frustración de la artista suiza. Después de que un editor le tumbara sus ideas, a pesar de haberle dado libertad creativa, canalizó sus propias ganas de destrozarle el coche en esa fantasía onírica y violenta. “Rist rompe nuestras expectativas”, apunta Mikel Onandia, comisario de la exposición. “La flor, asociada tradicionalmente a la belleza, la delicadeza y la feminidad, se convierte en un instrumento de acción. Y lo interesante es que sigue siendo una flor: no se transforma en un arma convencional. Eso hace que la violencia pierda su apariencia habitual y nos obliga a replantearnos cómo interpretamos lo que estamos viendo”.
La obra se presentó en la Bienal de Venecia de 1997, en un contexto, apunta el historiador, que planteaba un recorrido por las transformación del arte contemporáneo de las últimas décadas. Ganaría el Premio 2000 al talento emergente. “Lo interesante es cómo lleva el vídeo más allá de la pantalla y lo convierte en una experiencia espacial, combinando imagen, sonido, espacio y movimiento”. Rist nos sumerge en un universo regido por las disonancias. Dos pantallas gigantes enfrentadas donde la ciudad se opone a la naturaleza, el acto vandálico choca con la banda sonora, compuesta junto a Anders Guggisberg, y la agresividad se sucede en slow motion. “Y, dentro de ese contexto, introduce además una escena difícil de clasificar, en la que belleza, humor y violencia aparecen simultáneamente”, puntualiza.
Ever is Over All es una catarsis feminista, tan potente e hipnótica, que Beyoncé acabaría replicándola en el videoclip de Hold Up. Un ejemplo más de su gran impacto cultural. Rist introdujo una nueva forma de representar la rabia femenina. Rompió con el estereotipo de la histérica o la amargada, para reivindicar el derecho de las mujeres a explotar en público, deleitándose en su propio enfado. No hay gritos, lágrimas ni culpa. Ni siquiera encuentra oposición policial.
“Rist habla de la obra como una especie de cuento de hadas contemporáneo, en el que durante unos minutos las reglas de la realidad pueden cambiar y podemos imaginar otro orden», apunta Onandia, que destaca un detalle de la obra que suele pasar desapercibido. “La policía aparece ya al principio, durante apenas unos segundos, anticipando algo que después tendrá una resolución completamente inesperada”. Cuando vuelven a cruzarse no hay castigo, lo que encuentra la protagonista es validación y sororidad. Una idea muy presente en el trabajo de Rist, que a lo largo de su trayectoria ha explorado la creación de nuevos espacios y colectividades.
Además de su evidente lectura feminista, para el comisario, la vigencia de la obra de Pipilotti está en su ambigüedad. “Casi treinta años después sigue permitiendo hablar de feminidad, libertad, violencia, propiedad privada, naturaleza o nuestra relación con el espacio público”. De hecho, esa última dimensión, sobre cómo se reparte el espacio público y quién tiene derecho a ocuparlo, ha adquirido especial vigencia.
“La protagonista no ataca a personas, sino a automóviles estacionados, es decir, objetos privados que ocupan permanentemente un espacio colectivo. Rist también relaciona esta cuestión con el medio ambiente y con la enorme infraestructura que construimos alrededor del automóvil. Por tanto, no está destruyendo solamente unas ventanillas: está cuestionando algo que normalmente aceptamos como natural, por ejemplo, que cuando salimos de nuestras casas o paseamos por nuestras calles gran parte del espacio público está ocupado por automóviles”.
Más allá de su impacto cultural y de sus múltiples lecturas, Ever is Over All es una gran puerta de entrada al universo de esta artista que revolucionó el videoarte de los noventa. Introduce gran parte de sus elementos estéticos: el cuerpo, la naturaleza, la música, el humor y ese uso del color saturado que acabaría convirtiéndose en una de sus señas de identidad. ¿Un consejo? “Hay que dejarse llevar primero por la experiencia y no intentar interpretarla inmediatamente. Es una pieza muy sensorial; la reflexión racional viene a posteriori”, sugiere Onandia.
La videoinstalación Ever is Over All de Pipilotti Rist se puede visitar en el Guggenheim Bilbao hasta el 17 de enero de 2027.
![Imagen-02_1-(1) Blanca Sánchez, Elvis the King Forever [Elvis el Rey por Siempre], ca. 2000. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía @Herederos de Blanca Sánchez.](https://lomejordelacultura.com/wp-content/uploads/2026/07/Imagen-02_1-1.jpg)





