
Escena de la obra Antonio y Cleopatra representada en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida
Mérida, 11 junio 2026
Todos tus dramas están en una tragedia griega, un viaje al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida
El director del festival, Jesús Cimarro, nos guía por una edición donde los clásicos dialogan con nuevos formatos escénicos
Los clásicos ya sufrían, hace más de dos mil años, de enredos amorosos, familias complicadas o luchas de poder. “Cuando vemos una tragedia griega o una comedia romana no estamos observando únicamente una historia antigua. Estamos reflexionando sobre cuestiones que siguen presentes en nuestras sociedades”, apunta Jesús Cimarro. Para el productor vizcaíno, que acaba de recibir el Max de Honor, esa capacidad para ahondar en las contradicciones humanas es la razón por la que siguen emocionándonos. “No los vemos como piezas de museo, sino como textos vivos que siguen ayudándonos a entender quienes somos”.
Una reflexión que también podría explicar cómo el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida continúa atrapando a miles de espectadores cada verano. Desde que asumió la dirección hace 15 años, Cimarro ha notado una gran renovación: “Las nuevas generaciones de creadores se acercan a los clásicos con enorme libertad y sin miedo a dialogar con otros lenguajes artísticos”. Un cambio que se refleja en su nueva edición, la número 72, con una programación que rebusca entre los grandes mitos, pero se expresa a través de la danza, el flamenco, la música o el ballet.
Sería injusto no reconocer el papel de un escenario tan espectacular como el Teatro Romano de Mérida. A pesar de que durante siglos permaneció oculto bajo la tierra (cuando las artes escénicas se consideraban inmorales, el abandono acabó cubriendo gran parte del edificio), el paso del tiempo no ha borrado su magnetismo. Sus columnas corintias le suman a cada función una fuerza histórica y emocional difícil de replicar. Cimarro lo entendió desde la primera vez que lo pisó. Llegó en 1989 con Miles Gloriosus, de Plauto, la primera producción de Pentación en el certamen, y todavía sigue sorprendiéndose: “He estado allí cientos de veces, pero hay momentos en los que el teatro vuelve a emocionarme como el primer día. Especialmente al atardecer, cuando empieza a caer la luz y el monumento se transforma poco a poco hasta convertirse en un espacio escénico vivo”.
Una programación expandida
Mérida volverá a convertirse, del 3 de julio al 30 de agosto, en la capital del teatro clásico. Nueve estrenos absolutos tomarán el Teatro Romano durante las noches de verano. La compañía alemana Düsseldorf Ballet Theatre será la encargada de inaugurar la edición con Spartacus, una pieza con Miguel Ángel Muñoz como narrador, que convierte los últimos recuerdos del gladiador, en el umbral de la muerte, en un ballet de recuerdos, luminoso y emocional.
“Representa muy bien esa voluntad de explorar nuevos caminos sin perder la esencia de los relatos clásicos”, apunta Cimarro, que advierte esa misma vocación en Electrojonda y Bacanal. La primera traslada el mito de Electra al compás del flamenco, convirtiendo su dolor, su venganza y su lucha familiar en un lamento jondo. La segunda recupera las fiestas prohibidas de Baco en una ceremonia escénica donde la danza, el deseo y el cuerpo se convierten en los grandes protagonistas.
A escasos metros, el Teatro María Luisa completa la experiencia. Este edificio de 1930, uno de los grandes ejemplos de la arquitectura regionalista de Mérida, es un icono emocional y cultural de la ciudad. Su rehabilitación, tras echar el cierre en los noventa, se vivió como una victoria vecinal, equipándolo con las infraestructuras más modernas de la región. En otras palabras, frente a la monumentalidad romana, aquí se desarrollan obras mucho más íntimas y experimentales.
Mérida para principiantes
No es necesario conocer el árbol genealógico de los antiguos dioses para disfrutar del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Lo esencial, en palabras de su director, es sentarse una noche en el Teatro Romano y dejar que el lugar haga su magia. «Las comedias y los musicales suelen ser una magnífica puerta de entrada porque conectan muy bien con el público y demuestran que los clásicos también pueden ser cercanos, divertidos y muy actuales». Algo que aplica a principiantes, adolescentes y escépticos.
El consejo, para quienes siguen pensando que el teatro clásico no es para ellos, es olvidarse de los prejuicios. O elegir una obra por algún actor o actriz que conozca. A veces, ese es el mejor motivo para comprar una entrada. El resto, la sorpresa de descubrir o aprender algo nuevo, siempre llega. «El mejor teatro no es el que ofrece respuestas cerradas, sino el que invita a reflexionar después de que cae el telón. Los clásicos tienen esa capacidad de acompañarnos más allá de la función y de seguir generando preguntas mucho tiempo después».
Un extra para exprimir la ciudad
Mérida también permite entender cómo era aquella sociedad que dio origen a tantos mitos y relatos. El Museo Nacional de Arte Romano, inaugurado en 1986 y diseñado por Rafael Moneo, merece una parada para completar la visita. Su arquitectura, con grandes arcos de ladrillo y una luz cuidadosamente estudiada, sirve de marco para descubrir esculturas, mosaicos y objetos cotidianos que reconstruyen cómo vivíamos.


